Hermosa Provincia, Guadalajara, Jal., febrero 10, 2008.
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Por Israel A. Pineda

Multitudes arriban a la ciudad de Guadalajara, este domingo diez de febrero
al concluir la escuela dominical en la que el expositor P.E. Adelelmo Osuna, recordó que como creyentes se debe tener el cuidado de conocer las características de identificación que debe de tener la doctrina y el gobierno establecido por Dios en la iglesia.

Posteriormente, el apóstol de Jesucristo Samuel Joaquín Flores, saludo a la Iglesia del Señor, y refonzado la palabra de recordación, insistió en que se debe de tener celo en lo establecido por Dios. Que la autoridad apostólica, Dios la deposita en el que El quiere, ya que es obra de Dios.

Mencionó la oración del día primero de febrero con la iglesia de Guadalajara, en suplica por los hermanos que se desplazarían de sus países y ciudades a la ciudad de Guadalajara. Con alegría que se le observaba en su rostro y con voz de júbilo dio una cordial bienvenida a los miles de hermanos que ya se encuentran en la capital de Jalisco.

Reconvino que se aprovechara la estadía para escuchar la enseñanza sana, limpia que es impartida por los ministros de la palabra, a que se atendiera la oración y el consejo espiritual.

Pero, que seguía su preocupación por los hermanos que el día hoy y la noche saldrán por los caminos para unirse al regocijo del pueblo de Dios, y para recibir la bendición apostólica. E invitando a la iglesia a que le acompañaran en una oración a favor de los que vienen y vendrán en estos días en camino. Que Dios los trajera con bien y, permitiera Dios que unidos todos, poder rogarle a Dios bendición para todo el pueblo de Dios.

Después de la oración, pidió que toda la iglesia cantara la alabanza No. 153 del himnario: “En Cristo feliz es mi alma”, melodía que en su estrofa tercera dice: “Su amor paternal me circunda, su gracia conforta mi ser; su Espíritu Santo me inunda, de su noble y extraño poder”,

Concluyendo de entonar la alabanza, exhortó a la fidelidad en el Señor, el cual otorgará la vida eterna, entretanto que nuestras fuerzas y tiempo fuera consagrado al servicio de Dios.